martes, 6 de febrero de 2018

Estudio hermenéutico del poema de Federico García Lorca, NIÑA AHOGADA EN EL POZO



NO SE PUEDE IMAGINAR LO QUE NO EXISTE[1]
ANÁLISIS DEL POEMA NIÑA AHOGADA EN EL POZO
DE FEDERICO GARCÍA LORCA






Pregunta: ¿Qué relación hay entre el agua y la muerte en el poema?

Corpus: Niña ahogada en el pozo

Esquema del planteamiento:
·         Época en que se escribió.
·         Momento artístico del autor.
·         La muerte vista por el autor.
·         Los símbolos: agua, luna, muerte, etc.
·         Compresión del poema hermenéuticamente.
·         Conclusión.

Horizonte: tratar de desentrañar la relación poeta-poema-muerte.

Proceso de compresión: analizar verso por verso buscando palabras claves y símbolos que permitan la compresión del poema.


1.      Época en que se escribió.

Niña ahogada en el pozo es un poema escrito por Federico en su estancia  en la ciudad de Nueva York, el subtítulo  Granada y Newburg sugiere que los paisajes que le evocaron el poema, los de Newburg le recordaban a la Granada rural, lo cual según Ángel del Río,[2] hace equivocadamente, pues sitúa el poeta a Newburg en la zona de Castkill, esta sí una zona con grandes pozos cerca de la granja donde Lorca pasaba unos días de vacaciones, pozos parecidos a los de  Granada.  Niña ahogada en el pozo se escribió en diciembre de 1929 [el poeta estaba en Estados Unidos desde finales de junio de ese mismo año], en el campo de Vermont, junto al poema El niño Stanton, se refieren a niños de la granja de Bushnellsville, cerca de Shandaken, donde se alojaba Lorca. Federico localiza estos poemas en Newburg donde fue a visitar a Onís[3] después de dejar  a Ángel del Rio, por el desconocimiento posiblemente de la comarca o por una sonoridad preferida por el poeta en el subtítulo. Otro poema de la misma sección (Sec. V. En la cabaña del Farmer. Campo de Newburg[4]) Vaca, sabemos que fue inspirado por un hecho ocurrido en Vermont. En otras secciones del poemario tampoco queda clara la geografía de estas.[5]
Lorca en una de sus conferencias recital, sobre Poeta en Nueva York, comenta sobre los poemas de la obra:
       La calidad de una  poesía de un poeta no se puede apreciar nunca a la primera lectura, y   más esta clase de poemas que voy a leer que por estar llenos de hechos poéticos dentro         exclusivamente de la lógica lírica y trabados tupidamente sobre el sentimiento humano     y la arquitectura del poema, no son aptos para ser comprendidos rápidamente sin la       ayuda cordial del duende.[6]

 El  duende que sustituye  las musas del Parnaso. El término  duende es típico en el flamenco o en Andalucía,  para referirse a un artista que tiene mucha calidad o incluso que aporta algo diferente al arte que cultiva.  Esperemos que el duende nos ayude también a nosotros a desentrañar la metáfora en este poema de Federico García Lorca.
2.      Momento artístico del Autor.

Ante la conclusión que podríamos extraer de una primera aproximación a la obra en conjunto, el eje central no es la ciudad de Nueva york, sino la interioridad del poeta. Así lo indica las constantes referencias que hace el autor, “un poeta que soy yo,” como dice en sus conferencias recital o en referencia al título de la obra, donde dice que en vez de titularse la obra “Poeta en Nueva york, tendría que haberse titulado, Nueva york en un poeta.”[7] También la presencia de dibujos del autor en la obra donde abundan los autorretratos, figura del poeta de forma esquemática. Se aprecia una clara influencia del surrealismo francés en sus poemas, la obra poética lorquiana está llena de símbolos propios de los gustos tradicionales, aunque el autor cambia esta simbología dándole matices propios únicos y vanguardistas. Aportando con ellos un aire fresco y moderno a la poesía española del primer tercio del siglo XX. La poesía de Lorca se define por unas claves genuinas y peculiares con un tema central, la frustración. Lorca escribía sobre la búsqueda de los orígenes, el amor, el sexo y la muerte. Su poesía es el reflejo del sentimiento trágico de la vida.
 Lorca conjuga perfectamente la tradición y la renovación de la poesía, podemos encontrar en su obra influencia de poetas de épocas pasadas como Quevedo, Góngora, Fray Luis o Garcilaso, pero también de artistas más contemporáneos de nuestro poeta como Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío o Antonio Machado; y como  hemos dicho más arriba lo mezcla con el surrealismo francés y la tragedia ancestral andaluza, produciendo una poesía única.
La máxima del surrealismo, es que la obra debe asombrar al receptor mediante la unión de elementos no conjugados hasta la génesis de un nuevo proyecto, y en el conjunto de la obra Poeta en Nueva York, se deja sentir. Muchos de  los poemas cumplen con este precepto surrealista. Pero eso sí, la obra está sometida a una configuración lógica, claramente definible en la estructura externa del libro derivada de los títulos de las secciones. Pero también es evidente que el contenido de sus poemas donde los temas se repiten, aunque a veces des de perspectivas distintas, en diferentes composiciones. La visión de la ciudad, o la expresión del sentimiento amoroso del poeta, no se agotan en una sola creación, sino que están esparcidas a lo largo del poemario, proporcionándole una coherencia interna difícilmente discutible.
En cuanto a la estructura formal podemos destacar que Lorca abandona las formas tradicionales y populares (romances, sonetos, canciones) y transmuta a formas vanguardistas (verso libre, léxico e imágenes surrealistas).

3.      La muerte vista por el autor.

No hay duda que la muerte está muy presente en la obra de Lorca –también su trágico final, a modo casi premonitorio parece estar en sus composiciones –. La muerte para nuestro poeta no es un proceso natural, un acabamiento, sino una frustración. No ve Lorca la muerte como Jorge Manrique, para el que “llegar es el morir”. Para Federico el morir es un no llegar, porque la muerte siempre nos sorprende en medio de la jornada, y toda muerte es en cierto modo, para Lorca, un asesinato, una violencia desatada. Por eso, creo que su obra está impregnada de violencia, y es que esa violencia es la verdadera cara de la muerte.
García Lorca habla de las muertes naturales y de las muertes violentas, pero, premonitoriamente, se siente más atraído por las segundas. Sus personajes no suelen morir “decentemente en sus camas”: ni los reales (Sánchez Mejías), ni los ficticios (la Adela de La casa de Bernarda Alba; Juan, el marido de Yerma o Antoñito el Camborio), ni los de personajes reales, pero de muerte ficticia (Mary de Niña ahogada en el pozo).
Un año antes de su asesinato había confesado a Carlos Morla Lynch (1888-1969): “Yo tengo pánico a la muerte, no por lo que venga después, que me tiene sin cuidado, sino por el espanto que me infunde la idea que puedo “sentir” que “me voy”, que me voy a despedir a despedir de mí mismo… Yo me tengo un gran cariño.”[8]
En un viaje a Buenos Aires, confesará:
             La muerte… ¡Ah! en cada cosa hay una insinuación de muerte. La quietud, el       silencio, la serenidad, son aprendizajes. La muerte está en todas partes. Es la    dominadora… hay un comienzo de muerte en los ratos que estamos quietos. Cuando        estamos en una reunión, hablando serenamente, mirad los botines de los presentes. Los             veréis quietos, terriblemente quietos, tienen un obsesionante aspecto de muerte. Al ver      unos pies quietos, con esa quietud trágica que solamente los pies saben adquirir, uno   piensa: diez, veinte, cuarenta años más y su quietud será absoluta. Tal vez unos minutos. Quizá una hora. La muerte está en ellos.[9]
Como vemos el poeta se fija en cualquier detalle que le rodea, y en ellos refleja ese temor a la muerte y al sufrimiento. También posiblemente a la soledad y no hay mayor soledad que la de estar muerto, que aunque sea compartida siempre es solitaria.

4.      Los símbolos.

Los principales símbolos en la poesía de Lorca son:
·         La luna. Simboliza la muerte pero también el erotismo y la belleza.
·         Los metales. También es la muerte. Se asocian a las navajas que conllevan por tanto tragedia. Clavos y alfileres. También armas de fuego que hieren.
·         El agua. Estancada significa muerte, cuando corre significa vida.
·         Caballo y jinete. La muerte aunque también el erotismo masculino y la fuerza.
·         Caballo. Pasión, instinto desenfrenado, Muerte.
·         La sangre. Simboliza la vida (aunque derramada es muerte). También fecundidad.
·         Las hierbas y el color verde. Nos remite a la tragedia y la muerte.
·         Pozo. Pasión estancada, sin salida.
·         Ojos-espejo- la luna (gran espejo del mundo)
·         Viento. Erotismo masculino.
Hay que añadir a estos significados Lorca le da una impronta personal, lo que multiplica  y enriquece las posibilidades de interpretación.
Las metáforas utilizadas por Lorca son arriesgadas y particulares, relacionan elementos opuestos, transmitiendo sorpresa. Parecen fáciles de interpretar, pero debido a su gran complejidad expresiva resultan difíciles y oscuras, aunque bellas.  “Hija directa de la imaginación es la  metáfora –dice Lorca–,  la hija legítima y lógica, nacida muchas veces al golpe rápido de la intuición o en la lenta angustia del presentimiento.” Continúa  diciendo que: “es imposible aislarse de la imaginación y la realidad.
La metáfora no puede permanecer en el vacío ni crear relaciones donde no las hay. La manera esencial de crear es mecanismo; necesita del orden y del límite.”[10]
En el poema que vamos a analizar a continuación encontraremos algunos de estos símbolos y metáforas, es un claro ejemplo de la poesía surrealista y un tanto oscura de la última etapa del poeta.
Niña ahogada en el pozo
(Granada y Newburg)

            Las estatuas sufren con los ojos por la oscuridad de los ataúdes,
            pero sufren mucho más por el agua que no desemboca.
            …que no desemboca.

            El pueblo corría por las almenas rompiendo las cañas de los pescadores.
            ¡Pronto! ¡Los bordes! ¡Deprisa! Y croaban las estrellas tiernas.                                5
            Que no desemboca.

            Tranquila en mi recuerdo, astro, círculo, meta,
            lloras por las orillas de un ojo de caballo.
            …que no desemboca.
           
            Pero nadie en lo oscuro podrá darte distancias,                                                         10
            sino afilado límite: porvenir de diamante.                                        
            …que no desemboca.

            Mientras la gente busca silencios de almohada
            tú lates para siempre definida en tu anillo.                               
            …que no desemboca.                                                                                                15

            Eterna en los finales de unas ondas que aceptan
            combate de raíces y soledad prevista.
            …que no desemboca.

            ¡Ya vienen por las rampas! ¡Levántate del agua!
            ¡Cada punto de luz te dará una cadena!                                                                    20       
            …que no desemboca.

            Pero el pozo te alarga manecitas de musgo,
            insospechada ondina de su casta ignorancia.
            …que no desemboca.

            No, que no desemboca. Agua fija en un punto,                                                        25
            respirando con todos sus violines sin cuerdas
            en la escala de las heridas y los edificios deshabitados.

            ¡Agua que no desemboca!


5.      Comprensión del poema hermenéticamente.


El poema se compone de nueve estrofas, ya que el último verso aunque suelto pertenece a la última estrofa. La rima es libre.
En el verso 1.º nos encontramos con Las estatuas, se refiere a las niñas muertas, blanca la piel entono marmóreo como una estatua fría e inmóvil.. El subtítulo del poema hace referencia a dos episodios de ahogamiento de niñas uno real y otro imaginado por Lorca, uno en Granada que Lorca presenció como la sacaban a una niña de un aljibe en que se ahogó, el real  y otro el de Mary, hija del granjero donde Lorca pasaba unos días de vacaciones en Catskills, el ficticio, ya que este no ocurrió, pero que Lorca relata como si hubiese ocurrido, puede que el poeta se identificará con la niña, con la inocencia de ella, la muerte de esta niña también es la muerte de una parte del Lorca anterior a su viaje a Nueva York, en el niño muerto se encarna el destino todo poeta futuro, quien llevará dentro de sí un niño muerto y por tanto inmortal. Continúa el verso sufren con los ojos por la oscuridad de los ataúdes. Oscuridad, ataúd es una clara referencia a la muerte de la niña. Oscuridad también de la profundidad del pozo. La segunda muerte es simbólica, el poeta la vive como si fuera su propia muerte ahogado en un pozo. No hay que olvidar que el poeta estaba pasando una depresión, por la pugna que sostiene consigo mismo por su homosexualidad, la angustia que siente en Granada, como un ahogo que le hace buscar nuevos aires, y por ello decide aceptar la invitación para viajar a Nueva York de su antiguo profesor Fernando de los Ríos.
Verso 2.º Pero sufren mucho más por el agua que no desemboca. El agua estancada en el pozo, es el agua que no desemboca que es la muerte –contraria al río que es la vida–, un agua fría, donde la muerte no viene en seguida, donde el que se ahoga lucha por su vida, lucha y vida son perdidas.
Verso 3.º Que no desemboca. Verso que se repetirá como un estribillo en las nueve estrofas, a modo de eco que repite el pozo, el grito de lamento del poeta “¡agua que no desemboca!” grito que se producirá final del poema, en el verso suelto dando esa sensación también circular del poema, cómo circular suele ser el pozo y circulares son las ondas que se producen en el agua estancada cuando un objeto cae dentro de esta. Esta forma circular en los poemas es muy típica en la poesía de Lorca, poemas cerrados, casi obsesivos. Dando la sensación de algo de lo que no se puede escapar.
Encontramos un claro ejemplo esta circularidad en la forma de sus poemas en el Romance Sonámbulo en donde los primeros y los últimos versos dice: Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verde ramas. / El barco sobre la mar / y el caballo en la montaña. El adjetivo verde (gitano, muerte), lo esparcirá de una forma obsesiva por todo el poema. Aquí lo hará con el agua está estancada (muerte).
Verso 4.º  El pueblo corría por las almenas rompiendo las cañas de los pescadores. El pueblo desesperado busca a la niña desaparecida, interrumpen a los pescadores que tranquilos están pescando.
Verso 5.º ¡Pronto! ¡Los bordes! ¡Deprisa! Y croaban las estrellas tiernas. Increpan a los pescadores, a la gente que impávida se queda mirando y no ayuda en la búsqueda; hay que buscar en todas partes en los bordes de todo, es decir en aquello a simple vista no se ve. Y croaban, el canto de las ranas anunciando la caída de la noche; el verde de las ranas anuncia la muerte. Las estrellas y con ellas la noche llega, reflejadas en el agua del pozo, tiernas porque son solo unas pocas las que han salido, tierna e inocente es también la niña que se ahoga.
Verso 7.º Tranquila en mi recuerdo, astro, círculo, meta. La niña ahogada que Lorca vio en Granada permanece en el recuerdo del poeta, tranquila como si durmiera. Continua el verso astro, la luna, que es muerte, pero también es luz en la noche, y belleza de la niña; circulo, el pozo redondo, o el circulo que forma la luna llena; meta, el fina de la pobre niña, que ya ha llegado a su meta, una meta demasiado cerca del inicio, la meta de un recorrido muy corto.
Verso 8.º  lloras por las orillas de un ojo de caballo. El llanto de desespero de la niña que nadie viene a rescatar del pozo de aguas oscuras y profundas como el ojo de un caballo, donde nos podemos reflejar como en un espejo. El caballo la muerte, a la que la niña mira de cara, pero que no puede vencer.
Verso 10.º  y 11.º  Pero nadie en lo oscuro podrá darte distancias, /sino afilado límite: porvenir de diamante.  Nadie podrá salvar a la niña ahogada, la muerte lo oscuro a vencido. Su límite son las redondas paredes del pozo, y encerrada entre ellas como un diamante en su anillo encastrado –diamante que hace referencia al a belleza de la niña como un diamante –. Su recuerdo también permanecerá perenne ligado al pozo.
Verso 13.º y 14.º Mientras las gentes buscan silencios de almohada, / tú lates para siempre definida en tu anillo. Mientras la gente en sus casas, ajenos a la tragedia, busca la hora de irse a dormir, la niña siempre será recordada en su anillo que es el pozo, late, es decir, vive en el recuerdo ligada al pozo ¡Aquí murió! Exclamaran los vecinos al pasar por el pozo.
Verso 16.º y 17.º Eterna en los finales de una onda que aceptan / combate de raíces y soledad prevista.  Permanece la niña muerta, eterna, ya ha pasado a la eternidad al dejar la vida, sola, ella sola se ha tenido que enfrentar a su propia muerte, junto a las ondas que forma el agua cuando cae algo en ella y como las raíces que no pueden salir de la tierra porque están clavadas en ella, la niña permanece en el pozo sin poder salir, después de la lucha, combate, que ha tenido la niña por su vida contra el agua.
Verso 19.º, 20.º y 21.º  ¡Ya vienen por las rampas! ¡Levántate del agua del agua! / ¡Cada punto de luz te dará una cadena! /… que no desemboca.  Ya han encontrado a la niña, el poeta la interpela ¡Levántate! Parece que hay alguna esperanza de vida, es un grito angustiado del poeta, esperanzado está el poeta en que la niña se agarre a la luz, que posiblemente llevan los que la están buscando de noche; que se agarre a la luz que es la vida, contraria a la oscuridad de la muerte, la luz le dará una cadena para escapar del pozo. Pero la estrofa acaba como todas las demás, con el agua de muerte, con el agua estancada, con el agua que no desemboca, la niña está muerta y ya es inevitable.
Verso 22.º  y 23.º Pero el pozo te alarga manecitas de musgo, / insospechada ondina de su casta ignorancia. El pozo retiene a la niña para sí, la sujeta con sus manecitas de musgo. El musgo verde, símbolo de muerte, la atrapa. El pozo se la queda, cual ninfa acuática Ondina, de espectacular belleza y pureza; la niña es casta, es decir virginal, la pequeña ahogada es inocente e ignorante de su tragedia, antes de caer en el pozo.
Verso 25.º   No, que no desemboca. Agua fija en un punto, agua estancada en un punto, fija como la muerte, de la que no se puede regresar, el agua fija no se puede escapar a ningún lado, no se mueve, la pequeña ahogada tampoco.
Verso26.º  respirando con todos sus violines sin cuerdas. Un violín si cuerdas, es un violín mudo. Como la niña ahogada, ya en silencio, muda. Su cuerpo es pequeño, bien formado, proporcionado, pero inútil, no suena, no puede sonar le falta lo esencial, lo que da vida al violín las cuerdas. A la pequeña al igual que al violín le falta lo esencial de la vida, el aire en los pulmones, ahora llenos de agua mortal.
Verso 27.º  en la escala de las heridas y los edificios deshabitados. El poeta, se refiere ahora al lugar desde donde escribe el poema, la ciudad de Nueva York, el herido por el amor y aunque su dolor está mitigado por la distancia de España,  aún  hay dolor, su dolor está en una escala menor en Nueva York. La sensación edificios deshabitados, nos dice Lorca que la tiene en la gran ciudad, donde los edificios, los rascacielos tienen grandes ventanales iluminados hasta de noche, donde no se va a nadie, como si no se habitara en ellos. También son los edificios deshabitados una cosa inútil como los violines sin cuerda.
Verso 28.º ¡Agua que no desemboca!  Es el grito de desesperación del poeta, que se repite como un eco en un pozo, eco que da musicalidad al poema y circularidad. Grito que encierra toda la carga simbólica del poema, la muerte y la pena que el poeta nos ha relatado a lo largo del poema. Encierra también, toda la historia de la metáfora lorquiana del agua estancada, parada, eternamente inmóvil, como la imagen de la propia niña ahogada en el aljibe granadino que perdurará para siempre en el recuerdo del poeta.

6.      Conclusión.

Como respuesta al planteamiento inicial de la relación entre el agua estancada y la muerte, vemos que es clara. El agua inmóvil, parada como dice en el poema en un punto fijo, es la representación de la muerte, donde todo se para, el corazón deja de latir y los pulmones dejan de “exigir el aire trece veces por minuto,” como como diría Gabriel Celaya. Los cuerpos muertos también inmóviles como el agua del pozo o las estatuas del inicio del poema. Lorca siempre obsesionado con la muerte, posiblemente porque tenía miedo a esta, a lo incierto, dentro de la mayor certeza que es la muerte.  Lorca amaba la vida y precisamente por este amor a la vida podríamos decir que se hallaba en las antípodas del “muero porque no muero” de Teresa de Ávila. Estas ganas de vivir son las que provocan esa obsesión por la muerte del poeta. Con todo en un intento de escapar de la muerte personal el poeta trata de vincularse al mundo duradero de la naturaleza, donde los ciclos vitales y cósmicos siguen su ritmo inexorable de marcha infinita. Pero el individuo muere –aunque el poeta perdure –y el mundo sigue. Nada se detiene. La resignación ante la muerte no solo consiste en aceptar serenamente nuestro destino personal, sino también aceptar que el mundo seguirá existiendo sin nosotros.
García Lorca en Niña ahogada en el pozo, al igual que todo el poemario de Poeta en Nueva York, nos muestra un poeta que quiere romper con la fama de poeta de los gitanos y folclórico que le acarreó Romancero Gitano –tan criticado, por ejemplo, por su compañero de la Residencia de Estudiantes, Luis Buñuel –, pero lo hace sin renunciar a sus símbolo, sin renunciar a la crítica social y al capitalismo, poniéndose siempre al lado de los oprimidos y de los que sufren algún tipo de represión, ya sea por su raza o condición sexual.
Lo que parece claro es que el Federico García Lorca que se fue a América, preocupado por su condición sexual, dependiente de su padre en lo económico, se quedó allí; a su regreso ya no se preocupó de ocultar tanto su condición sexual, ni le creaba ninguna contradicción; también su creación teatral tuvo gran éxito, lo cual le dio independencia económica de sus padres. También en lo poético a raíz de poeta en Nueva York, asumió cuotas de mayor dificultad en su verso como el Diván del Tamarit.

























Bibliografía:

Eisenberg, D. (1976). “Poeta en Nueva York”: historia y problemas de un texto de Lorca. Barcelona. Ed. Ariel S.A
Gallego Morell, A. (1993). Sobre García Lorca. Granada. Publicaciones de la Universidad de Granada.
García Lorca, F. (1984). Conferencias II. Madrid. Ed. Alianza Editorial.
García Lorca, F. (2003) [1988]. Poeta en Nueva York. Madrid. Ed. Catedra (Grupo Anaya, S.A.)
Garcia-Posada M. (2012) [1981]. Lorca: Interpretación de Poeta en Nueva York. Madrid. Ed. Akal, S.A.
Jaén i Urban, G. (2014). El paisaje urbano de Nueva York en la obra escrita de Federico García Lorca. Alicante. Publicaciones de la Universidad de Alicante.
Lopez Castellón,E. (1981). F. García Lorca el poeta ante la muerte. Madrid. Ed. Felmar.
Von Koppenfels, M. (2007) [1998].  Introducción a la muerte. La poesía neoyorquina de Lorca y el duelo de la lírica moderna. Zaragoza. Druck und Einband: INO Reproducciones S. A. KASSEL. EDITION REICHENBERGER. 2007. Einführung in den Tod. García Lorcas New Yorker Dichtung und die Trauer der modernen Lyrik. Trad. José Luis Reina Palazón, revisión de Rosa Rib


[1] Federico García Lorca. (1984) Conferencias II. Madrid.  Ed. Alianza Editorial. p.14. Frase pronunciada dentro de la conferencia: Imaginación, inspiración, evasión. Texto recogido de  El Defensor de Granada. Granada,  11 de octubre 1928.
[2] Ángel del Río (1901-1962). Catedrático de Lengua y Literatura española de La Columbia Universiti en Nueva York, amigo personal de Lorca.
[3] Federico de Onís Sánchez (1885-1966) Profesor, filólogo, crítico literario e hispanista.
[4] F. García Lorca. (2003) [1988].  Poeta  en Nueva York. Edición de María Clementa Millán.  Madrid .Ed. Catedra.
[5]Ibíd. p.65. Ver  también  D. Eisenberg. (1976). Poeta en Nueva  york: historia  y problemas de un texto de Lorca. Barcelona. Ed. Ariel. pp. 164-166.
[6] Federico García Lorca, conferencia recital Un poeta en Nueva York. Conferencia pronunciada en diferentes ciudades españolas entre 1931 y1935. Recogida  por la revista digital  Circulo de poesía 19/8/2016. circulodepoesia.com/…eta-en-nueva-york-conferencia
[7] Ibíd.
[8] Enrique López Castellón. (1981). F. García Lorca. El poeta ante la Muerte. Madrid. Ed. Felmar.  p.90.  El entrecomillado de las cursivas y las cursivas son  mías.
[9] Ibíd. p. 90.
[10] Federico García Lorca, Conferencias II, óp. .cit.  p.29. La mecánica de la poesía. La Habana, primavera de 1930. Texto publicado en  Diario de la Marina.

domingo, 4 de febrero de 2018

Estudio sobre la obra de António Tabucchi, Sostiene Pereira



Estudio sobre la novela de Antonio Tabucchi,  Sostiene Pereira[1].

La obra está ambientada en la Portugal de 1938, donde como en otros países europeos había un régimen autoritario: la Italia fascista de Mussolini, la Alemania Nazi de Hitler o bien estaban en proyecto de ser lo como es el caso de España que vivía una guerra civil fruto del alzamiento rebelde del General Franco y sus secuaces.
Tabucchi, en una nota a la décima edición italiana de la novela, dice que la obra está inspirada en un viejo periodista portugués exiliado que él conoció en París a finales de los años sesenta, y que años más tarde ya en Lisboa y por casualidad leyó en un periódico de la ciudad que había fallecido, este hecho hizo que lo recordara y viniese a su mente conversación que tuvo con él y de ahí surgió la novela.
Tabucchi nos sitúa la trama de la novela en Portugal –pues es un país que conoce muy bien por sus conocimientos de la lengua y la literatura portuguesa de la que fue profesor universitario en Siena–, es una novela narrada en tercera persona, con un narrador heterodiegético-objetivista, un narrador que nunca conoceremos. El narrador parece contar lo que ha sucedido como algo que le han explicado a él, como si el protagonista se hubiese entrevistado con el narrador y le hubiese explicado la historia, haciendo énfasis en algunos pasajes que explica y para marcar este énfasis el narrador recurre a la afirmación categórica de “sostiene Pereira”, afirmación que da título a la obra y produce un ritmo machacón sobre todo al principio de la novela.
 Es una obra de un claramente postmodernista, llena de innumerables referencias literarias y de autores, donde a modo de “escrutinio cervantino” el autor muestra una simpatía mayor o menor por ciertos autores, todos de literatura europea donde la mayor parte son franceses algunos del siglo XIX como: Balzac, Alphonse Daudet, Guy de Maupassant; pero también del siglo XX como: George Bernanos, Paul Claudel, François Mauriac o Jacques Maritain; literatos en lengua alemana como Thomas Mann o Rilke; italianos como Marinetti, D’Annunzio o Vico; españoles como García Lorca; portugueses como Fernando Pessoa – del que Tabucchi era un experto –, Aquilino Ribeiro, Eça Queiros, Camilo Castelo Branco o Camoens; Rusos como el poeta Futurista Vladímir Maiakovski; filósofos como Nietzsche, Marx o Hegel –¡alemanes todos!–. También hace alusión a artistas de otras disciplinas como al dibujante Vanguardista Bernardo Marques o el cineasta ruso Eisenstein.
La obra pretende ser una suerte de novela histórica, combinando hechos reales con hechos ficticios. Nombrando a personajes reales como el director del Secretariado Nacional de Propaganda del gobierno del dictador António de Oliveira Salazar, el periodista y escritor António J. Tavares Ferro. También habla de las tropas portuguesas que intervinieron en la Guerra Civil española, los “Viriatos” o del cardenal primado durante la Guerra Civil española el arzobispo de Toledo Isidro Gomá.
Tabucchi nos presenta como protagonista de la obra a un periodista maduro, con sobre peso, viudo, enfermo de corazón y anclado en el pasado, que es el director de la página cultural de un diario vespertino de Lisboa, el Lisboa. Un hombre católico  que le preocupa la muerte –y la resurrección de la carne en que no cree– y que habla con el retrato de su esposa muerta unos años antes del desarrollo de la trama. Con Pereira, Tabucchi nos hace recorrer las calles de Lisboa y nos conduce a ciudades de la costa portuguesa (no hay que olvidar que Tabucchi tenía doble nacionalidad y que residió en Lisboa).
 La relación con la muerte está presente en Pereira, como hemos dicho más arriba, su padre tenía un negocio de pompas fúnebres, su mujer enferma desde que la conoció en la Universidad de Coímbra y al final murió de tisis, él amenazado por su enfermedad cardiaca y su sobre peso, advertido por los médicos que debe hacer dieta para perder peso. Pero él solo come tortillas que le prepara la asistenta –de queso– o las que come a las finas hierbas (omelette) en el café literario Orquídea, donde entre limonadas cargadas de mucho azúcar, intercambia noticias sobre la situación política del Portugal autoritario de Salazar con el camarero del local, Manuel.
Pereira no se entera o no se quiere enterar de lo que pasa a su alrededor vive melancólicamente, ensimismado en su mundo y sus recuerdos de redactor de un importante rotativo lisboeta donde trabajó durante treinta años. Pero ahora no trabaja ni siquiera en una redacción, sino en un cuartucho con un ventilador que no le refresca nada y con olor a fritanga que sube desde la cocina de la portera por la escalera, portera que además es confidente de la policía. Sin embargo, cuando hay situaciones que lo incomodan o le ponen delante de la realidad, que parece querer evitar, le aparece el sudor para recordarle lo que está pasando y su actitud pasiva.
 La novela comienza en el despacho donde trabaja Pereira, preparando el suplemento cultural del Lisboa es día caluroso del verano de 1938, allí hojeando una revista católica, en sección de filosofía, Pereira descubre Francesco Monteiro Rossi, un joven filósofo que ha escrito un artículo sobre la muerte, articulo que es una parte de su tesis doctoral. Pereira se pone en contacto con él, para ofrecerle que colabore en la sección cultural de la que Pereira es director –y único redactor– Rossi en principio es reacio y además dice que la tesis leída es copiada, pero al final acepta colaborar porque necesita el dinero. Pereira quiere que haga para el diario –que el sábado publica la página cultural–, necrológicas anticipadas de grandes autores literarios.
Se entrevistan por primera vez en un local donde Monteiro Rossi canta viejas canciones napolitanas para ganarse algún dinero, canciones como el O sole mio; y entre refrescos Pereira hace una comparación entre  la literatura a la filosofía: “La filosofía parece ocuparse solo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías, y la literatura parece ocuparse solo de fantasías, pero quizá diga la verdad.”  La filosofía como lo abstracto, lo intangible; la literatura, bueno más que la literatura, la novela como crítica de la sociedad o con una función formadora al estilo de Lukács.
Rossi tiene una amiga-novia, que en el fondo es su ideóloga (de tendencia Marxista) y lo ha introducido en ambientes de resistencia a la dictadura Salazarista. Marta que es su nombre, a medida que avance la obra provocará en Pereira una toma de conciencia de la situación de represión política y cultural que sufre el país.
Pronto se verá que las colaboraciones que hace Monteiro Rossi son un desastre, son impublicables por un diario católico y en el régimen dictatorial de Salazar, con la censura periodística que hay. Escribe Monteiro Rossi, artículos donde ensalza la figura por ejemplo de poeta García Lorca, asesinado un año antes de la época en que se situara novela, criticando a los asesinos y por extensión a Franco que era aliado de Salazar. Hay que decir que aquí Tabucchi comete un error de fechas, pues comenta en la Página 33 de la novela en el artículo de Monteiro Rossi que: García Lorca había tomado como blanco de sus dardos a la España catolicísima en su obra La casa de Bernarda Alba, y es imposible que Monteiro Rossi conociera esta obra de Lorca, pues fue escrita en 1936, sí dos años antes de la fecha de nuestra historia, pero no se publicó y representó hasta 1945 en Buenos Aires por medición de Margarita Xirgu. También, por cierto, el confesor de Pereira, el padre Antonio critica a Franco por la muerte de curas vascos asesinados a manos de los Nacionales. En otros artículos Rossi hace todo lo contrario, críticas feroces y cargadas de militancia, como a Marinetti el poeta futurista italiano que en la época que se ambienta la novela aún estaba vivo o Grabiele D’Annunzi
       […] Amo el lujo, la vida mundana, la grandilocuencia, la acción. […] amante de la            morbosidad y el erotismo. Del filósofo alemán Nietzsche extrajo el mito del superhombre, pero lo redujo a una visión de la voluntad de poder de ideas estetizantes      destinados a componer el calidoscopio coloreado de una vida inimitable. Fue             intervencionista en la gran guerra, enemigo convencido de la paz entre los pueblos.           Protagonizó empresas belicosas […] Contemplo con agrado el fascismo […] Fernando      Pessoa lo había apodado “solo de trombón” […] La voz que de él nos llega, en efecto,      no es el sonido de un delicado violín, sino la voz atronadora de un instrumento de             viento, de una tromba retumbante y prepotente.[2]
 Lo cierto es que Pereira no destruye ninguna de las críticas de Monteiro Rossi, las guarda en una carpeta con el epígrafe Necrologicas. Es como si pensase Pereira que algún día las pudiera publicar, quizá cuando la situación política cambie.  
Pereira se va unos días a las termas de Buçaco, a aplicarse los baños de fangos, sabe que verá al director del periódico y no le hace mucha gracia, pero por otro lado también verá a un antiguo compañero de facultad que trabaja de profesor de literatura, Silva. Pereira se lleva una gran decepción cuando comprueba que si excompañero de estudios es lo que podríamos llamar un “estoico”, todo lo que sucede le parece bien mientras no le afecte directamente a él, y además las cosas son como son y él no puede hacer nada para evitarlo – sostiene.
       Silva le miró y dejó el tenedor. Escúchame con atención, Pereira, dijo Silva, ¿tú crees        aún en la opinión pública?, pues bien, la opinión pública es un truco que han inventado         los anglosajones, los ingleses, los americanos, son ellos los que nos están llenando de mierda, perdona la expresión, con esa idea de opinión pública, nosotros no hemos tenido       nunca un sistema político, no tenemos sus tradiciones, no sabemos qué son los trade             unions, nosotros somos gente del Sur, Pereira, y obedecemos a quien grita más, a quien     manda. Nosotros no somos gente del Sur, objetó Pereira, tenemos sangre celta. Pero        vivimos en el Sur, dijo Silva, el clima no favorece nuestras ideas políticas. Laissez faire,            laissez passer, es así como estamos hechos […] nosotros siempre hemos tenido              necesidad de un jefe, todavía hoy necesitamos un jefe.[3]
 Pereira marcha de las termas con un regusto amargo, se va en un tren de regreso a Lisboa, en el mismo compartimiento va una señora que está leyendo un libro de Thomas Mann en alemán, eso le llama la atención, pero cuando viene el camarero comprueba que habla bien el portugués y cómo ve que viaja sola, le pregunta sí podrían comer juntos, la señora accede y durante la comida le dice que es alemana, pero sus orígenes son portugueses, que se apellida Delgado y que es judía. Para ella ni Portugal ni Alemania, por su condición de judía es un buen lugar para vivir, así que se exilia a Estados Unidos. Pereira dice a Sra. Delgado que ha observado que lee a Thomas Mann y que él es un admirador de su obra, la Sra. Delgado dice que Mann no está contento con lo que sucede en Alemania y Pereira  que él tampoco está contento con lo que pasa en Portugal, “pues entonces, haga algo” le dice la Sra. Delgado.
De regreso a Lisboa y a la redacción, Pereira tiene noticias de Monteiro  Rossi, que le pide una cita. En la cita Rossi le dice a Pereira que tiene un problema, el problema es que ha venido un primo italiano desde España para reclutar combatientes portugueses para la Guerra Civil española. Pereira la ayuda a ocultarlo dándole la dirección de una pensión de mala muerte, pero tranquila y pagando la estancia del primo en dicha pensión. Pereira piensa en la Sra. Delgado, cuando se refería hacer algo, lo estaba haciendo. En este pasaje Tabucchi juega de nuevo con el lector y hace un guiño metaliterario, el primo que lleva pasaporte falso, argentino, y se ha cambiado su nombre Bruno Rosssi por el de Bruno Lugones, Lugones como el poeta y escritor argentino Leopoldo Lugones. También hace el mismo juego con Marta que debe cambiarse el nombre porque la busca la policía política de Salazar la PIDE (Polísia Internacional e de Defesa do Estado). Marta se cambia no solo el apellido, sino también el nombre, pasará a llamarse Lise Delaunay, Delaunay como la pintora Vanguardista Sonia Delaunay, contemporania de la historia que nos ocupa. Tabucchi obliga al lector a estar atento a todos estos juegos, aunque he de decir que la novela encuentro que está sobrecargada de referencias.
Pereira va a pasar unos días a una clínica talasoterapéutica en Parede, por recomendación de su médico, allí conoce al Dr. Cardoso que ha estudiado en Francia. El doctor Cardoso le hace unas preguntas que incomodan a Pereira en la primera entrevista que tiene, le hace comprender que las preguntas son para determinar su estado de salud desde lo físico y lo mental, la relación de la psique con lo corpóreo. El  Dr. Cardoso le dice que ha leído diferentes  artículos escritos por  Pereira entre ellos la efemérides de  la muerte de Pessoa y una traducción de un cuento de Maupassant hecha por el propio Pereira, él –Pereira– le comenta que está preparando la traducción de Honorine de Balzac, un relato como dice Pereira que va sobre el arrepentimiento. Tabucchi en diferentes partes de la novela muestra la obsesión por el arrepentimiento de nuestro protagonista, como en el fondo se tuviera que arrepentir de haber llevado la vida que ha llevado o de no haber hecho otras cosas en la vida, por tener una mujer enferma, por su cultura católica, por llevar una vida sin pasarse de los límites de lo correcto dentro de una sociedad pequeño burguesa. Pereira se refiere al arrepentimiento como: “un mensaje en una botella que alguien recogerá“–lo del mensaje en la botella también es una comparación que utilizan muchos literatos, por ejemplo Paul Celan en un discurso de agradecimiento por un premio al definir su poesía la compara con “un mensaje en una botella que alguien cogerá”[4]–. La aparición de la pareja Monteiro Rossi/Marta le despiertan ese sentimiento de que tiene que salir de las reglas de lo políticamente correcto, y el comienzo es quizá cuando antes de llegar a la clínica, se baja del tren en una playa, alquila un bañador y para demostrar al socorrista –que antes se había reído de él– que podía nadar como un  joven se fue hasta una boya alejada de la playa arriesgándose a que le sucediese algo por su condición de cardiópata.
El doctor Cardoso le habla a Pereira de Théodule Ribot y Pierre Janet, médecins-Philosophes, psicólogos-filósofos (a finales del siglo XIX la Psicología era una rama de la filosofía en Francia), que propugna la teoría de la confederación de las almas. Dice el Dr. Cardoso, refiriéndose a la teoría de los dos pensadores franceses: “creer que somos <<uno>> que tiene existencia por sí mismo, desligado de la inconmensurable pluralidad de los propios yoes, representa una ilusión, por lo demás ingenua, de la tradición cristiana de un alma única.”[5]
El Dr. Ribot y el Dr. Janet, fuero precursores del psicoanálisis freudiano, ya hablaban en sus tesis de un yo hegemónico, tomadas más tarde por Freud, aunque este lo negara.
Todo esto de varias almas, controladas por un yo hegemónico actual que será sustituido por otro yo evolucionado y que se convertiría en el nuevo yo hegemónico      –no necesariamente a mejor–, por la experiencia y las circunstancias que van cambiando a lo largo de la vida, no acaba de convencer a Pereira, y en una conversación con su confesor, el padre António, dice a este, que para él cambiando el término alma por el de personalidad es más comprensible esta teoría, porque sí que está convencido que no tenemos una única personalidad.
De regreso  a Lisboa Pereira, al incorporarse al trabajo, recibe la llamada del director del diario, felicitándole por el aluvión de cartas recibidas a raíz de la publicación de la traducción de Honorine, pues había tenido mucho éxito de público. Pereira piensa que quizá alguien habrá recogido el mensaje de arrepentimiento dentro de la botella que él ha enviado, pero estaba seguro de que el director no podía recoger el mensaje dentro de la botella. El director al que el doctor Cardoso de fine como: “un personaje del régimen, que aparece en todas las ceremonias oficiales y cómo alza el brazo, parece que quiera lanzarlo como una jabalina.”
El doctor Cardoso lo va a visitar a Lisboa, le felicita por una traducción que ha publicado en el diario,  La última lección de Alphonse Daudet, un cuento que acaba con un “Viva Francia” en contra de Alemania,  y que la censura ha dejado pasar a pesar de la afinidad de Portugal con la Alemania Nazi y que Francia es enemigos de estos. La publicación le traerá a Pereira una llamada de atención del director del diario, pues hay que publicar cosas patrióticas, pero portuguesas y no publicar tanto autor francés. Le recomienda que publique algo de Eça de Queirós o Camilo Castelo Branco.
En su visita, Dr. Cardoso vuelve a hablarle de términos freudianos como: superego o el yo hegemónico; le dice que tiene que pasar página, tiene que “elaborar el luto” vivir presente y dejar atrás el pasado superar la muerte de su mujer y dejar de hablarle al retrato como si estuviera viva todavía. Pereira se queda pensativo, sabe en el fondo el Dr. tiene razón, que debe dar un paso adelante en todos los sentidos; ya él va tomando conciencia de que Portugal es un país que tiene un régimen autoritario, y que las libertades más esenciales se vulneran. Ya lo sabía, pero no quería reconocerlo.
La circunstancias le dan la oportunidad de hacer ese paso adelante y comprometerse con la causa del joven Rossi, este va a su casa y le pide refugio, Pereira se lo da sin pensarlo un momento, los miedos que tenía parecen haber desaparecido, también por un sentimiento de rabia ante el totalitarismo y su sistema de control del espacio público por parte del gobierno Salazarista. La policía descubre que Monteiro Rossi está en casa de Pereira, van tres secretas a su casa, golpean a Pereira para que les diga dónde está el joven, y lo descubren en la habitación. Uno de los policías, el que manda, se queda con Pereira, y le dice que sabe que es una buena persona, un poco afrancesado quizá, pero una persona que el régimen no ve como peligrosa. Los otros dos policías se van a la habitación con Monteiro Rossi, allí lo torturan hasta la muerte. Pereira descubre el cuerpo machacado del joven por los golpes y lo cubre con una sábana. El viejo periodista escribe un artículo explicando toda la verdad de lo sucedido, de cómo han matado a un joven a golpes. Ayudado por el doctor Cardoso ingenia una estrategia para burlar las reticencias del maquinista de las prensas y así poder publicar el artículo y lo firma como Pereira como cuando trabajaba en anterior diario, en la página sucesos –en el suplemento cultural no lo hacía, para que pareciera que había un equipo y no el solo.
Sabe Pereira que tendrá que huir, exiliarse de Portugal, así que después de llevar el artículo a prensas, se fue a su casa cogió una pequeña maleta, la carpeta de las necrológicas escritas por Monteiro Rossi, rebuscó entre los pasaportes que le dio Rossi para que los escondiera, vio que había uno que se le ajustaba a su edad y lo cogió, era un pasaporte francés con el nombre de Françoise Baudin. Lo último que metió en la maleta el retrato de su mujer boca arriba para que respirara bien.
Un final poco creíble, ya que con la impunidad que suelen “trabajar,” las policías políticas de los diferentes regímenes autoritarios, lo más lógico es que se lo hubiesen llevado tanto a uno como al otro a la comisaría o algún lugar secreto, en el caso que no se lo llevaran, que quisieran matar de una manera “extra oficial” a Monteiro Rossi, también habrían matado a Pereira para no dejar testigos y menos un periodista que puede tener contactos fuera de Portugal. Porque ¿cómo habría podido explicar la muerte de un joven en su casa Pereira? Es evidente que es poco creible.



[1] Antonio Tabucchi, (1996) [1995]. Sostiene Pereira. Barcelona. Ed. Editorial Anagrama, S.A.
[2]  op.cit.. p. 80-81
[3] op. cit. p. 55.
[4] Paul Celan. (2002) Obras completas. Discurso con motivo de la concesión del premio de literatura de la ciudad libre Hanseática de Bremen. Trad. María José Reina Palazón. 3ª ed. Madrid. Ed. Trotta. p. 498
[5] Antonio Tabucchi, (1996) [1995]. Sostiene Pereira. Barcelona. Ed. Editorial Anagrama, S.A.