jueves, 4 de febrero de 2016

TRABAJO SOBRE LAS SOLEDADES DE GÓNGORA




LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE

Soledades.

Luis de Góngora y Argote nace en Córdoba el 11 de julio de 1561 y muere ibídem, 23 de mayo 1627, después de haber recorrido prácticamente toda España.

Clérigo desde los catorce años, estudió en la Universidad de Salamanca Leyes (1576-1580) aunque no acaba sus estudios. Empieza la producción poética muy joven y ya con diecinueve años goza de un cierto prestigio como poeta (sus versos circulaban manuscritos como era costumbre en la época, ya que la obra se publicaba póstumamente), es elogiado por ejemplo por Juan Rufo y Miguel de Cervantes.

Con una brillante producción poética, compuesta en su mayoría de Sonetos (ciento sesenta y siete reconocidos y cincuenta atribuidos, representan, además  un documento de toda una época y la encarnación de una las poéticas prevalecientes de su tiempo), donde cultiva el culteranismo (referencias Mitológicas Greco-latinas, Bestiario Medieval, Geografía poética y Neoplatonismo) sobre todo, aunque también el conceptismo dando mucha importancia al “yo” poético. Lleva las referencias cultas a romances y canciones populares además de los Sonetos. También utiliza la sátira en algunos de sus versos. Podríamos decir que Góngora es un clásico que cuestiona y ridiculiza el clasicismo, pero que se nutre de él, mientras trata de renovar sus formas desgastadas.

En 1613 llega a la culminación de su obra con la producción de la Fábula de  Polifemo y Galatea, y esa grandiosa obra,  Las soledades, obra inacabada de una ornamentalidad Barroca exuberante.

Las soledades: obra compuesta en Silvas, construcción poética  sin número de versos determinado, género cuya métrica consiste en mezclar versos endecasílabos y heptasílabos de forma aleatoria con rima consonante, aunque pueden quedar versos sueltos. La combinación de rimas es libre, pero no deben estar muy separados los versos que rimen entre sí.

El poema nació como un proyecto dividido en cuatro partes que iban a llamarse Soledad de los campos, Soledad de las riberas, Soledad de las selvas y Soledad del yermo. De este proyecto inmenso solo concluyó la Dedicatoria  al Duque de Béjar y las dos primeras Soledades, dejando inconclusa la segunda, Soledad de las riberas, a esta última fueron añadidos aún por el poeta, en época posterior cuarenta y tres versos a instancia de un amigo que le animaba a concluir la obra.

Lo que poseemos de las soledades es, exactamente: 1º La dedicatoria al Duque de Béjar (37 versos). 2º La soledad primera (1091 versos, según la edición de la Bibliotheca Hispánica, o 1098, según Dámaso Alonso). 3ºun fragmento de la soledad segunda (979 versos). Indudablemente medio algún tiempo entre la divulgación de la primera y de lo que de primera intención de componer la segunda. El día 11 de mayo de 1613 Góngora envía desde Córdoba “las soledades” y el Polifemo a un amigo en Madrid, Pedro Valencia, no sabemos si trataba de las dos, o solamente de la primera, en su contestación Valencia habla de “las soledades” pero solo se citan versos de la primera.

Al igual que el Antídoto de Juan de Jáuregui que fue escrito cuando solo se había divulgado la primera Soledad, el texto mismo del Antídoto, la contestación a este por el Abad de Rute (Francisco Fernández de Córdoba) y la fecha que hemos dado, no puede, pues, más adjudicarse con certeza a la primera Soledad.

Góngora en las soledades se aparta del Petrarquismo, lo utiliza como tema subsidiario. Aquel lenguaje hecho para expresar los sentimientos y las introspecciones más soliloquias, resultan abstractas e inadecuadas a su postura personal, más epicúrea que platónica. Justamente por este recato en hablar de sí, por este pudor a la intimidad tan contrario del habitual exhibicionismo de lírico. Se puede decir de Góngora que se aparta de sus predecesores y contemporáneos más en el fondo que en la forma: entre ellos es  el menos sentimental, aunque no menos sensible.  Podríamos decir que Góngora es manierista con una “cierta exaltación, una predilección por lo refinado, extraño y exagerado, por el caso excepcional siempre incitante, por el gusto insólito estimulante del paladar, por atrevido y provocador” (el manierismo, ed. Esp., 1965, pág. 40. Hauser. Trad. F. González Vícén. Edit. Guadarrama, Madrid, 1965).

 El argumento de las Soledades es difícil de definir, pues al ser una obra inconclusa no se tiene todos los datos para poder definir el argumento, aunque podemos decir que es un clásico “menosprecio de la corte” y exaltación de la vida campestre más sencilla. Su protagonista es un personaje un tanto misterioso, Góngora proyectaba ir revelando poco a poco los detalles de su historia y, si bien se conoce los más sustanciales, lo cierto es que nos hemos quedado sin conocer pequeños de talles, por ejemplo el nombre del protagonista, al que Góngora se refiere como el “Pelegrino” y con ese nombre se le conoce a falta de otro mejor. Es un supuesto cortesano que, desdeñado por la mujer a que ama, decide desterrarse y vivir errante. Un naufragio lo arroja a las costas de una región campestre y ahí comienza la soledad primera. El pelegrino es acogido por unos cabreros (como en la poesía bucólica de los poetas clásicos, que se desarrolla entre cabreros y en ambiente campestre, Góngora ambientará su soledad primera) y al día siguiente por unos serranos que lo invitan a acompañarlo a una boda que va a tener lugar en pueblo vecino. La boda se celebra al tercer día, con el final de  esta jornada termina la primera parte del poema. A lo largo de las dos jornadas y media que transcurren antes de la boda, el Peregrino podrá admirar y disfrutar de las maravillas de la vida campestre: conocerá la hospitalidad de las gentes del lugar, la buena comida, hermosos paisajes y mujeres hermosas, oír historias de algunos personajes, y no faltarán ocasiones para comparar la vida campestre y sus gentes como mundo ideal, con la vida en la cortesana repleta de infinidad de intereses e intrigas.

Vamos a ver algunos versos de este genial autor maestro del artificio lingüístico, acusado de oscurantismo por algunos de sus contemporáneos, que lejos de serlo, sí que no se puede negar la dificultad de poemas, solo aptos para personas doctas y eruditas. También se le acusó de poca o escasa consistencia de la trama, por ello suscitó un debate encarnizado cuando empezaron a circular sus versos por la corte. Empieza también a circular el  Antídoto contra la pestilente poesía de las Soledades, de Juan de Jáuregui, donde dice que:” había un Góngora antes de las soledades y un nuevo Góngora de oscura extravagancia, que derrocha hipérboles y formas remotas, que tiene la ambición de volar por encima de los demás” (Antídoto, pág.24).  Circula también una carta cuya autoría se le atribuye a Lope de Vega, fechada 13/09/1613, criticando las Soledades, a la que contesto Góngora con otra carta tan solo quince días de loa datación de la primera carta, 30/09/ 1613, concluyendo con un rotundo: “considero que ha sido honrosa esta poesía; si entendida para los doctos, causarme ha autoridad, siendo lance forzoso venerar que nuestra lengua a costa de mi trabajo haya llegado a la perfección y alteza de la latina (…)”. Pero el orgullo de Góngora no solo nace de haber conseguido hacerse oscuro a los ignorantes, sino también de haber dado un paso más, el paso decisivo, en la lucha emprendida por varios eruditos y poetas para enaltecer la lengua vulgar. En defensa de las Soledades Andrés de Mendoza publica Advertencias para inteligencia de las Soledades, es una defensa de los rasgos estilísticos usados por Góngora y criticados por sus detractores. Pretende ser una explicación de los pasajes más oscuros (se sospecha que está Góngora detrás de este escrito de defensa), recurre a abundantes citas eruditas como refuerzo de sus argumentos lo hace en un tono altivo y despectivo. Lo que pretende Andrés de Mendoza es que los detractores de las Soledades pongan por escrito sus críticas, que le parecen injustificadas y de falta de erudición.

Podríamos decir que se crearon dos bandos: los que entendían la poesía de Góngora y los que no; aunque también huelga decir que hay quien la entiende, pero por una enemistad personal que va más allá de la poesía la critican, entre ellos Lope de Vega y Quevedo.

Cojamos como muestra  estos versos de la soledad primera:




Recordó1 al sol, no, de su espuma cana,                 705
        la dulce de las aves armonía,
        sino los dos topacios que batía2,
        orientales aldabas, Himeneo.
        Del carro, pues, febeo3
        el luminoso tiro,                                                      710
        mordiendo oro, el eclíptico zafiro
        pisar quería, cuando el populoso
        lugarillo el serrano
        con su huésped, que admira cortesano,
a pesar del estambre y de la seda4,                           715
        el que tapiz frondoso
        tejió de verdes hojas la arboleda,
        y los que por las calles espaciosas
        fabrican arcos, rosas,
oblicuos nuevos, pénsiles jardines5,                       720
de tantos como víolas jazmines.
Al galán novio el montañés presenta
su forastero; luego al venerable
padre de la que en sí bella esconde
con ceño dulce, y, con silencio afable6,                   725
beldad parlera, gracia muda ostenta:
cual del rizado verde botón donde7
abrevia su hermosura virgen rosa´
la cisuras cairela8
un color que la púrpura que cela                            730
por brújula concede vergonzosa9.



    1   Recordó: despertó.

2  2  Topacios: piedras preciosas de color amarillo; el Abad de Rute supone el palacio del Sol.

3  3  Febeo: es un sobrenombre de Helios, dios del Sol.

4  4  Estambre: El estambre es un hilo de lana que se usaba, entre otras cosas para la confección de tapices.

5  5  Pénsiles o pensiles: colgantes (lat.), como los famosos jardines de Babilonia. “Parece que los mismos versos, con las trasposiciones de las voces, dicen lo entretejido de los árboles y forman los arcos que refiere estaban fabricados de rosas”. Los jazmines y violetas forman nuevos jardines colgantes.

6  6 “Hay que destacar el juego de palabras logrado con la restitución del sentido etimológico de afable (=lat. Affabilis, ‘al cual se le puede hablar’)”

7  7  Botón: los capullos de las rosas modernos son lisos, pero los antiguos estaban cubiertos de un vello rizado, lo que explica el calificativo” rizado Botón”

8  8 Cariela: adorna los bordes. Caireles  flecos que adornan la ropa, servir de adorno a modo de fleco.

9  9 Por brújula: por un resquicio. Brújula era el punto de mira de una escopeta y por extensión de cualquier ranura estrecha.





Prosificación.

No despertó el Sol de su [lecho de] espuma cana dulce armonía de las aves, sino los topacios, aldabas orientales, que batía Himeneo. El luminoso tiro del carro febeo quería, pues, pisar mordiendo oro el zafiro eclíptico cuando [a la vez que] el serrano [quería pisar] el populoso lugarillo con su huésped, que admira cortesano, a pesar del estambre y la seda el tapiz frondoso que la arboleda tejió de verdes hojas y los arcos que [las] rosas fabrican por las calles espaciosas: oblicuos, nuevos jardines pénsiles, de tanto jazmines como víolas.

El montañés presenta a su forastero al galán novio, luego [lo presenta] al venerable padre de la que, bella se esconde en sí [misma] con ceño dulce y ostenta con silencio afable beldad parlera y gracia muda, cual [como] un color cairela las cisuras del rizado verde botón donde [una] virgen rosa abrevia su hermosura, que [el cual, el color] la púrpura  que [el botón] cela concede por brújula vergonzosa.





Comentario.

No despertó al Sol de su lecho de blanca espuma el dulce canto de las aves, sino el cuidado del dios de las bodas Himeneo que estaba impaciente por celebrar la boda de los aldeanos, llamando a la puerta de oriente con dos topacios por aldabas (primeros rayos rojizos del sol). Los luminosos caballos del carro del Sol (rayos solares), mordiendo sus frenos de oro (bocado), querían iniciar su viaje por el cielo (amanecer) siguiendo la trayectoria del Sol, al mismo que el serrano quería salir con su huésped a las calles del lugarillo (antes que amaneciera, posiblemente habían pasado las noche en una choza de la alameda, en las afueras del pueblo). Allí admira el joven el frondoso tapiz de hojas verdes que formaba la arboleda, sin que tenga que envidiar nada a los tapices finos que él ha visto hechos con estambres y seda. Loa arcos hechos de rosas, jazmines y violetas forman nuevos jardines colgantes (como en la antigua Babilonia) con un complejo entramado están entretejidas las flores.

El viejo montañés presenta su forastero huésped al galán novio, después al venerable padre de la novia, la cual parece que, recatada, poniendo dulce ceño (entrecejo), quiere esconderse de si misma, pero sin que esto sea signo de enojo (alguien enfadado puede huir del trato), es su timidez, que habla a todos sin necesidad de palabras, ostenta un silencio afable, es decir, con un silencio que invita a hablarle, beldad parlera y gracia muda. Normalmente la beldad es muda(es algo que se ve, no se oye) y la gracia habladora (se desprende de su forma de hablar), pero la belleza de la novia habla por sí misma, mientras su gracia se adivina a pesar de su timidez que la mantiene callada. Ese silencio tímido hace que solo se entrevean sus virtudes, como un capullo (en que una rosa resume su hermosura), dejando entrever por sus cisuras, como si fueran flecos, el hermoso color de la púrpura que esconde.







Bibliografía:

Luis de Góngora, Antología poética (Polifemo, Soledad primera, Fábula de Píramo y Tisbe y otros poemas).Comentarios de Antonio Carreira, Edit. Castalia, 1986. I.S.B.N.: 84-7039-478-9

Luis de Góngora, Sonetos Completos. Edición, introducción y notas de Biruté Ciplijauskaité.

 Edit. Castalia, S.A, 1985. I.S.B.N.: 84-7039-086-4

Universitat de València, Argumento de las soledades.


Soledades, es.wikipedia.org/wiki/Soledades

Mercedes Blanco Morel, Góngora: la extrañeza inextinguible, magnitud estética y universo contemporáneo/ Coord. Por Joaquín Rosas Lozano, 2012, I.S.B.N.: 978-84-15272-30-4.

(La extrañeza sublime de las Soledades, págs. 125-137)

David Viñas Piquer, Historia de la crítica literaria (págs. 164-168).

Edit. Planeta, S.A. 2015. I.S.B.N.:978-84-344-2512-5

Luis de Góngora Soledades Editadas por Dámaso Alonso. Alianza Editorial, S.A., 1982.

I.S.B.N.: 84-206-1927-2 (Revista de Occidente, S.A. Madrid, 1927)




































 




miércoles, 28 de octubre de 2015

Un trabajo sobre J. Luis Borges



BORGES, UNA MIRADA
Los cuentos El libro de arena, El idioma analítico de John Wilkins y La Biblioteca de Babel, transmiten la inmensidad de las palabras, la infinitud de los millones de combinaciones de letras y signos ortográficos que forman las lenguas. La Biblioteca de Babel es un universo infinito de galerías hexagonales que se repiten sin fin, Borges utiliza esta metáfora para que nos sintamos empequeñecidos ante ese inmenso caos que es el lenguaje, ese monstruo que cuesta dominar con exactitud. Leemos en La Biblioteca de Babel: “La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden).”[1] Como el lenguaje  arbitrario y convencional, pero ordenado jerárquicamente para tener sentido. Encontramos en La Biblioteca de Babel,El idioma analítico de John Wilkins y El libro de arena un sentimiento de vacío que no se puede llenar con palabras nuevas, es un sentimiento  de angustia o impotencia ante la inmensidad del  lenguaje. El narrador siente que todo está ya escrito, y si todo ya está escrito lo único que queda es copiar o hacer pequeñas variaciones imperceptibles. Borges escribe: “Cada ejemplar es único, irremplazable, pero (como la Biblioteca es total) hay siempre varios centenares de miles de facsímiles imperfectos: obras que no difieren sino por una letra o una coma.”[2] Pequeñas variaciones que pueden alterar todo el significado del mensaje, crear más confusión, más dudas sobre el conocimiento, más búsqueda de la verdad o la razón, más angustia al descubrir que no se sabe más que una pequeña porción de las cosas. Ricardo Piglia comenta: “Da la sensación, por sentirse incompleto que hay algo de angustia en Borges, quiere leerlo todo, abrazarlo todo, pero es materialmente imposible.
[1]. J.L. Borges La Biblioteca de Babel. pág. 5
[2]. J.L. Borges La Biblioteca de Babel. pág. 4
 La lectura de la biblioteca le lleva a otro libro y este a otro sin final.”[3]  O podemos leer en  La Biblioteca de Babel: “La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma” [4]. La inmensidad nos bloquea al igual que la mirada al abismo nos paraliza.
Beatriz Sarlo sobre la totalidad de La biblioteca  comenta: “la predestinación rige a la biblioteca-universo, porque todo, pasado, presente y futuro (patéticamente: la historia de tu muerte, lector), está escrito en algún libro cuyos contenidos son inabordables y contradictorios.”[5] Todo está escrito, se empieza a morir cuando se nace y ese futuro cierto genera preguntas difíciles que no tienen respuestas, las buscamos en la religión que pone orden en todas las fases de la vida con sus sacramentos.
En “El idioma analítico de John Wilkins” Borges vuelve al tema recurrente del orden en el desorden, nombra diferentes maneras de clasificar las palabras, expone el intento de varios autores por crear un idioma análogo, un idioma nuevo matemático o simbólico, pero los lenguajes son algo más que matemáticas y símbolos; el lenguaje está vivo y no es estructura rígida matemática, tiene un carácter histórico, evoluciona con la sociedad. El lenguaje a pesar de estar vivo se somete a unas reglas que son de carácter jerárquico y sintáctico, Michel Foucault escribe: “Los códigos fundamentales de una cultura – los que rigen su lenguaje, sus esquemas perceptivos, sus cambios, sus técnicas, sus valores, la jerarquía de sus prácticas – fijan de antemano para cada hombre los órdenes empíricos con los cuales tendrá algo que ver y dentro de los que se reconocerá. En el otro extremo del pensamiento, las teorías científicas o las interpretaciones de los filósofos explican por qué existe un orden general, (…) por qué razón se establece este orden y no aquel otro.” [6] La lengua tiene un orden, sin ese orden reinaría el caos y no habría una comunicación certera, los mensajes se perderían por recovecos insondables.
[3] Borges, por Piglia Televisión Pública Argentina. Clas. 2
[4]. J.L. Borges La Biblioteca de Babel. Pág. 5
[5]. B. Sarlo, Borges, un escritor en las orillas. Pág. 60
[6]. M. Foucault, Prefacio Las palabras y las cosas. Pág. 5
Borges parece vindicar el idioma analítico  J. Wilkins como un gran sistema para poder comunicarnos, pero no es más que un juego para confundir al lector, y a su vez demostrar la complejidad de la lengua y del  proceso cognitivo que hay en su ejecución. Borges escribe: “Las palabras del idioma analítico de J. Wilkins no son torpes símbolos arbitrarios; cada una de las letras que las integran es significativa, como lo fueron las Sagrada Escritura para los cabalistas. Mauthner observa que los niños podrían aprender ese idioma sin saber que es artificioso; después en el colegio, descubrirían que es también una clave universal y una enciclopedia.”[7] El poder del lenguaje, necesario para la comunicación, exige un pacto entre los hablantes, ese pacto se pasa de padres a hijos, hace que las cosas se llamen coma se llaman y  puedan universalizarse.
B. Sarlo  escribe sobre el texto que nos ocupa “el límite desestabilizado e inseguro entre verdad y ficción, a través de atribuciones falsas, desplazamientos, citas abiertas y ocultas, desarrollos hiperbólicos, paradojas, mezcla de invención y conocimiento, falsa erudición. El idioma analítico de John Wilkins (…) responde a la estrategia de des-concierto que Borges adopta, casi de manera invariable, para presentar ideas.”[8] Parece buscar el plantearle problemas al lector, reflexiones sobre el lenguaje, sacar al lector de su estructura rígida del orden establecido y llevarlo con sus escritos a un nuevo orden.
Beatriz Sarlo continua escribiendo sobre el texto de Borge, “esta secuencia extraña y lógicamente siniestra combina elementos heterogéneos en una clasificación que no clasifica según orden instrumental ni de experiencia, contradiciendo la utopía, también inalcanzable, de las lenguas naturales.”[9]


[7] J.L. Borges, El idioma analítico de John Wilkins. Pág. 2
[8]. B. Sarlo, Borges, un escritor en las orillas. Pág. 47
[9]. B. Sarlo, Borges, un escritor en las orillas. Pág. 47
Bibliografía:
J.L. Borges, La Biblioteca de Babel www.literaberinto.com/.../bibliotecaborges.htm)
Borges, por Piglia Televisión Pública Argentina https://youtu.be/_R9eBT17ABg. 2014
B. Sarlo, Borges, un escritor en las orillas. Buenos Aires: Ariel, 1995
M. Foucault, Prefacio Las palabras y las cosas. Madrid S. XXI, 200
J.L. Borges, El idioma analítico de John Wilkins  www.ccborges.org.ar








Hoy

Pensando un poco me he dado cuenta de que soy un parásito de la sociedad, no soy productivo para nada, mi pensamiento es el de otros, mis palabras las dijeron otros antes, y mi futuro no existe, me refiero a que no seré productivo tampoco en el futuro. Mi vida es arrastrarme por ella hasta el final, como una cosa inocua, una cosa que es lo mismo lo que dure y que nadie lamentará su falta. Caeré en el olvido más absoluto, o seré sólo una mera huella, una leve sombra que existe en el recuerdo de algunos que algún día me conocieron, sus recuerdos serán vagos y otros ni siquiera recordarán haberme conocido, aunque les den todas las referencias del mundo.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Ecos de un verano



Voy ha publicar un cuento por capítulos aquí para todo el mundo, es pero que os guste.



Aquel domingo de verano estaba sentado en la terraza del bar Plata, con mi amigo Juan, acabábamos de salir del cine de ver una de esas películas del oeste donde el protagonista era más rápido que nadie desenfundando el revólver y tiene un romance con una chica preciosa que trabaja en el saloon, pero su amor es imposible, él es un alma libre y no se quiere atar a ningún lugar y ella es una desheredada de la vida.
Estábamos allí y la vi pasar junto a otras dos amigas, fije mis ojos en su cuerpo, en su contoneo, ella se dio cuenta y me lanzó una mirada cortante, yo disimulé y miré a Juan­ – le comenté – la conoces­ – me miró con cara extrañado y me dijo –¿a quién?
A la morena tan guapa que acaba de pasar – advertí.
¡Ah! sí, es Marta, la amiga de mi hermana, pero todo lo que tiene de guapa lo tiene de tonta. Por qué dices que es tonta – pregunté – es muy infantil y no quiere “rollo” – me contestó haciendo una mueca.
Dejamos la conversación aquí y empecemos hablar de fútbol, del Madrid, del Barça, pero yo no podía quitarme de mis pensamientos aquellos ojos claros, grandes y su melena al viento, el contoneo de sus caderas. Imaginaba la textura de su piel, sería suave, carnes apretadas… No atendía a nada que me decía Juan, contestaba con monosílabos o vagamente, pues mi mente volaba tras ella.
Pasó más de tres semanas hasta que volví a verla, ella no me vio, la seguí a escondidas por las calles. No sabía cómo iba a conseguir hablar con ella, qué le iba a decir. Me di cuenta que me había enamorado perdidamente. Yo tenía diecisiete años y nunca había sentido algo igual.
Recordé que mi amigo me comentó que era amiga de su hermana y urgí un plan para poder acercarme a ella, organizaríamos una fiesta en casa de Juan e invitaríamos a algunos amigos, a su hermana y sus amigas. Pondríamos música en el tocadiscos, yo tenía discos de Bonny M, de Beatles, Mecano, en casa de mi amigo habían discos románticos como Miguel Bose y un sinfín de italianos que cantaban en español.
Mi idea era: cuando llevásemos un rato escuchando música y el ambiente fuera distendido, atacar con música romántica y pedirle a ella para bailar lento.
Cuando llegó el día estaba tan nervioso que ni dormí ni apenas comí. En la fiesta, Juan me decía “que no te comerás un rosco, hazme caso”. Cuando llegaron los lentos, trague saliva, sentí una sensación como de vacío en el estómago, me fui a buscarla y le pedí para bailar, para sorpresa mía me dijo que sí. Sentí una sensación como de cosquilleo que me corrió por todo el cuerpo, una alegría desmesurada, tanto que tuve que contenerme para no empezar a reírme como un loco.
Salimos a bailar y me presenté – me llamo Gonzalo, tu eres Marta ¿verdad? – ¿cómo lo sabes? – Me contestó – he preguntado a mis amigos si te conocían. ¿Por qué? – Me preguntó.

 Es que desde que te vi el otro día en frente del cine no puedo dejar de pensar en ti – respondí –. Eres un descarado y no veas como me mirabas, parecías un sapo con los ojos saltones.
No me sentí ofendido, le dije: “que era tan guapa, que tenía los ojos tan bonitos que no podía apartarla de mi mente”. Exagerado – me dijo – pero sonrió. La apreté más contra mí y su respiración se volvió más profunda y mis manos torpes bajaron a buscar por un instante sus glúteos para volver en seguida a su cintura… la besé y ella no huyó el beso. Fue una sensación extraña, maravillosa. La música después de varios bailes se acabó, nos fuimos a sentar en el sofá, hablemos unos minutos y decidí a acompañarla a su casa. Por el camino nos besábamos y nos reíamos de tonterías que decíamos el uno y el otro. Cuando lleguemos a trecientos metros de su casa nos despedimos – para que no nos viera nadie de su familia –, con un gran beso. Quedamos en vernos tres días más tarde, porque ella tenía que ir a ver una tía suya a Zaragoza con sus padres.
Cuando regresó me llamó por teléfono estuvimos tres cuartos de hora hablando de lo mucho que nos habíamos echado en falta, de las ganas de estar juntos. Quedamos en vernos a las seis de la tarde en la plaza del pueblo – un lugar alejado del barrio donde vivía ella, pues no quería que se enterara su madre –. La vi entrar por uno de los callejones de la plaza, estaba radiante, venía con un vestido blanco de falda con vuelo a media pierna, llevaba un poco de maquillaje que la hacía parecer mayor, me sonrió un cuando llegó a mi altura nos besamos tímidamente en los labios.

 - ¿Cómo estás? – Me preguntó. 
 - Bien, muy bien – le dije y añadí – “Estas guapísima, cómo es posible que no me fijase en ti antes, ¿dónde estabas? ¿Quién te tenía secuestrada?”
- No me escondía eras tú el que no me veías – me contestó.
- Porqué voy al mismo instituto que tú desde hace un año y yo a ti  te he visto jugar a fútbol sala en el “insti” e incluso una vez fui a tu casa, hace un año, con unas amigas a buscar a tu hermana Sonia. 

- No me acuerdo, lo siento… ¿Eres amiga de mi hermana? – Le pregunté.
- Bueno… tanto como amiga no diría yo, conocida más bien. Después de unos cuantos reproches, la besé y dimos por zanjado el tema.
Salimos a pasear cogidos de la mano, yo tenía una sensación extraña como de angustia y alegría a la vez. No hacía más que mirarla sus gestos me parecían tan bonitos, tan graciosos, que empecé a sentir que no podía haber nada mejor que Marta en el mundo, ¡era tan perfecta! Nunca había soñado con una chica ideal, pero si la había sin duda era ella.
Fuimos a la bolera a jugar unas partidas de bolos, yo quería aprovechar que sabía jugar bastante para pavonearme y mostrar mi masculinidad y la verdad es que no fue una tarde afortunada, no hice ningún “stryke”, fallé una infinidad, no hacía más de siete u ocho puntos por tirada… ya digo un desastre.
Al rato de estar en la bolera llegaron algunos amigos, entre ellos Juan que me comentó: “que ya ha habido algo”. No seas bestia – le conteste.

Cuando llegaron sus amigas se besaron con ella en la mejillas para saludarse. Luego empezaron a reír sin aparente motivo y a dar saltitos a coro. A mí me pareció un poco infantil, pero a la vez sentí un poco de celos – la quería sólo para mí.
Pasamos un par de horas en la bolera, hablando de planes para el verano que comenzaba: cine playa, excursiones, bañarnos en alguna poza del río y hacer alguna merendola en el campo.
Algunos de los chicos marcharon. Cuando Marta y yo decidimos marcharnos, nadie dijo de acompañarnos, imagino que sería para dejarnos solos.
De regreso a su casa dimos un rodeo y pasamos por un parque poco iluminado, no sentamos en un banco de madera, puse mi brazo por encima de su hombro, ella puso sus piernas sobre las mías, acerque mi boca a su boca, su pecho ascendía y descendía lentamente, su respiración se volvió profunda, como si le costara coger aire.
La besé y mi mano izquierda se posó sobre su muslo, no me atreví a buscar más arriba y me fui con mi mano a su vientre de ahí a su pecho derecho, me apartó la mano, la bajé de nuevo a su vientre.
Pasé a besarle el cuello y decirle en el oído que la amaba, le besé los labios y mi mano buscó de nuevo sus pechos, esta vez no opuso resistencia, los acaricie suavemente, se notaban la juventud en ellos. No estuve mucho tiempo, aparte mi mano, le di un beso intenso en su boca que se entre abrió.
Sentía un calor que me subía desde mis entrañas, poniéndome la cara y las orejas rojas como un tomate maduro.
Decidimos marcharnos, cuando estábamos cerca de su casa, nos despedimos y quedemos en vernos al día siguiente para ir al cine.
Quedamos en la puerta, también vinieron otros amigos entre ellos Juan y mi hermana Sonia.
Mi hermana tenía dos años menos que yo igual que Marta. Ella se sentía atraída por Juan, también Juan por mi hermana aunque lo intentaba disimular y no me comentaba nada por respeto a nuestra amistad.
Entremos en el cine hacían “Ecos de un verano”, con Jodie Foster y Richard Harris. Jodie Foster interpretaba una niña con un cáncer terminal y Richard Harris hacía de padre de la niña.
Una película muy dramática y lacrimógena, aunque yo no me enteré de mucho.
Marta esteba radiante, no podía apartar mis ojos de ella, pensaba que como era posible que no me enterase de su existencia, como se me había pasado por alto, hasta que la vi el día del Plata. Dentro del cine nos sentemos en el lugar más oscuro del cine, en un rincón en la parte de atrás.
Cuando empezó la película le puse mi mano en su muslo, ella no la apartó, la dejé durante un par de minutos y luego busqué su mano y se la cogí, me miró y le di un beso, acerqué mi boca a su oreja y le dije bajito: “te quiero”, ella – me contestó – yo a ti también. Nos besamos en un largo beso con nuestras bocas entre abiertas, pasionalmente.
Por otro lado, Juan pasó por alto el respeto hacia mí y decidió acometer a mi hermana y a ella no parecía que le molestara mucho, estaban besándose, me alegre por los dos. Yo había tenido mis diferencias con mi hermana en el pasado – imagino que como todos los hermanos que tienen una hermana menor, que creen que es repelente, solo por el hecho de ser niña –, aunque ahora tengo una gran amistad con ella y la quiero muchísimo.
Marta puso su cabeza en mi hombro, buscaba mi complicidad, yo me sentía un superhombre, con aquella preciosidad buscando mi protección bajo mi ala, como un cachorrito perdido – el perdido era yo, que estaba calado hasta los huesos por ella.
Después de una hora y media de película – de la cual no me enteré mucho, por estar más pendiente de Marta y de mis pensamientos –, salimos a tomar algo en una terraza. Juan iba de la mano con mi hermana, los dos parecían acalorados, sus ojos mostraban ese brillo particular que tienen los ojos de enamorados, mostrando la felicidad del momento. Di una palmada de aprobación en la espalda de Juan, que me devolvió una leve sonrisa que parecía más una disculpa que otra cosa.
En la terraza del bar hablamos de nuestros planes de futuro, Juan decía que cuando acabara el instituto, dejaría de estudiar para ponerse a trabajar en el negocio de su padre, una pequeña empresa familiar de mantenimiento industrial, donde empezaría por abajo a aprender el oficio de mecánico, para en el futuro hacerse cargo de la empresa.
Yo comenté que quería estudiar historia en la universidad, porque me apasionaba y quería ser profesor de instituto.
Marta decía que quería estudiar turismo y viajar, la miré, con una mirada inquisidora – cómo podía pensar en irse por el mundo y estar separada de mi –, ella se dio cuenta de mi reacción y me comentó:” ¿Qué te pasa?” Le contesté:” que respetaba mucho su idea pero que sería mejor que estudiara enfermería o magisterio que es más apropiado para las mujeres”. Estalló en cólera, me dijo: “¿Qué te has pensado?, ¿Quién eres tú para para decidir qué le conviene más a una mujer? Yo le contesté: “que el irse por ahí de viaje es más propio de busconas y solteronas, que ella estaría mejor en casa cuidando de su marido y sus hijos”. Se levantó como una posesa, me dio un bofetón y salió corriendo…Me quedé perplejo, no supe reaccionar y no salí tras ella.
Juan y mi hermana me miraban boquiabierto. Juan me dijo: “cómo puedes ser tan bestia”, mi hermana añadió: “machista”, gritándome con todo su alma.
Se despidieron de mí, yo me quedé allí de rotado, hundido, sentía que el mundo se me hachaba encima, que tiraba por la borda una relación que acababa de empezar con una chica perfecta y todo por mi mala boca, por hablar sin pensar, por mis celos de querer sólo para mí aquella maravilla de la naturaleza.
Cuando llegué a mi casa la llamé, pero no quiso ponerse al teléfono. Yo tenía un peso en el estómago, cuando mi madre me llamó para la cena, le dije que no tenía hambre, que había comido algo por ahí. Me tumbé en la cama y empecé a llorar y a maldecir mi boca. Al rato me dormí derrotado por el llanto, me desperté de madrugada y no pude conciliar el sueño en lo que quedaba de noche.
Por la mañana vino a buscarme Juan para ir a ver una prueba de atletismo, a los dos nos apasiona y Juan me hacía comentarios apasionados, pero yo no prestaba ninguna atención a las pruebas no podía dejar de pensar en Marta.
En un momento Juan parecía que quería comentar el episodio sucedido con Marta, pero no le dejé, le dije que no quería hablar del asunto, que sentía mucho dolor y el respetó mi silencio.
Cuando volví a mi casa me encontré con mi hermana que me miró como si fuera un bicho raro, la saludé y le pedí perdón, le supliqué que llamará Marta y que le dijera que yo lo sentía mucho, que no pensaba lo que decía, que hablara conmigo, que si no me iba a morir, que mi vida se había acabado – tenía esa pasión de adolescente donde todo es tan terrible.


















sábado, 2 de mayo de 2015

INMORTALIDAD

El hombre se hace inmortal cuando se multiplica a través de sus genes, no hay otra forma posible de inmortalidad.
El hombre desde que nace muere un poco cada día, como cualquier criatura, como cualquier ente.
El hombre cuando empieza a tener conciencia de su mortalidad empieza a buscar respuestas a sus preguntas, cuando ya no encuentra respuestas, y por una reacción natural de miedo a lo desconocido, llena  sus interrogantes con un Dios todo poderoso y perfecto, que todo lo guia, aunque los errores del sistema que los hay son culpa del libre albedrío o de las fuerzas del mal. Un Dios que te deja escoger pero que te castiga si no lo sigues.
El hombre en su capacidad de pensar abstractamente, de tener ideas, de evolucionar hasta poder poner un hombre en la Luna y traerlo de regreso, un hombre que es capaz de sacarle el corazón a un congénere, cambiárselo y dejarlo vivo, no concibe que es un animal como otro cualquiera, que ha nacido, ha crecido, si atenido suerte se multiplicado y que al final de sus días muere sin más.
El hombre se cree criatura de Dios, imagen y semejanza es decir imperfecto y inmortal, pues toda copia (mímesis) es imperfecta del original idea. No concibe que es materia como cualquier otro ser vivo o no y la única inmortalidad es la perpetuación de sus genes a través de sus hijos.
Los animales si que tienen conciencia de inmortalidad, pues nunca se plantean si van a morir, no saben que morirán y por ello se creen inmortales, aunque si que saben por un instinto que la única manera de perpetuarse es transmitir sus genes. Un ejemplo claro de esta afirmación lo encontramos en el león que entra en el territorio de otro león, si vence la pelea lo primero que hace es matar las crías de las leonas para que entren en celo y así poder transmitir sus genes y perpetuarse, las leonas por el mismo motivo, es decir para que no les maten sus crías y por instinto maternal cazarán para el león, para que este descansado y pueda defender sus crías con todas sus fuerzas.
Somos ideas y materia, las ideas son lo único que nos diferencia del resto de los seres vivos, nuestras ideas podemos transmitirlas a través del lenguaje, aunque como tal es interpretable y puede ser distorsionado, y la materia viva la transmitimos con nuestros genes.